15.4.09

Buenas prácticas de calidad en las Universidades Estadounidenses


En el contexto norteamericano, las “comisiones regionales para la acreditación” han elaborado un guía de “buenas prácticas” en la educación superior publicada en soporte electrónico (Best Practices of Electronically Offered Degree and Certificate Programs, Middle States Commission on Higher Education). Las buenas prácticas han sido definidas por cinco componentes, cada uno de los cuales se dirige a un área particular de la actividad institucional relevante para la oferta electrónica. Estas áreas son:

- Contexto Institucional.
- Curriculum y Formación.
- Soporte a la Facultad.
- Soporte al alumnado.
- Evaluación.

Sobre el sistema de las buenas costumbres varias universidades estadounidenses han elaborado guias o estándares de calidad de la formación “on-line”. Entre ellas:
Michigan Virtual University - y sus Quality Standars on the on-line Courses, agrupados en cuatro grandes áreas: tecnología, uso, accesibilidad y diseño de la instrucción.
Indiana University Center for Research on Learning and Technology y sus Seven Principles of Effective Teaching.
Practical for Evaluating Online Courses: buenas prácticas que promuevan la relación del alumnado con la facultad; impulsen la cooperación entre estudiantes; favorezcan el aprendizaje activo, el feed-back inmediato; enfaticen el time on task; generen altas expectativas; y que se apliquen en diversas formas de aprendizaje.

Rubio (2003) también señala que la evaluación a través del benchmarking está formada por un proceso de autoevaluación y comparación entre instituciones en la relación con las que son consideradas “buenas prácticas” (sean casos reales o definiciones teóricas establecidas por expertos).
Lo más interesante, es poder visualizar los resultados los resultados de los estudios prácticos sobre benchmarking, según los cuales es posible determinar 24 buenas prácticas directamente vinculadas a la calidad en la formación on-line. Cabe destacar que esa lista de 24 prácticas de buena calidad fue difundida inicialmente por National Education Association (NEA) y por Blackboard.

Las pruebas – patrones deducidos de los estudios de benchmarking fueron obtenidos a partir de experiencias realizadas en diferentes universidades estadounidenses consideradas líderes en educación en línea, y constituyen en la actualidad una guía muy confiable para todas las instituciones de ese país. Estas pruebas, identificadas luego como buenas prácticas, se concentran en siete categorías que se describen a continuación:

1. Estructura de soporte tecnológico a escala institucional:
Existencia e implementación de un plan tecnológico, documentado, que incluya medidas de seguridad electrónicas que garanticen estándares de calidad e integridad y validez de la información.
Máxima fiabilidad e integridad y validez de la información.
Máxima fiabilidad del sistema tecnológico.
Existencia de un sistema centralizado de soporte, para crear y mantener la infraestructura.

2. Desarrollo del curso:
Utilización de directrices preestablecidas y estandarizadas en los diferentes momentos del curso (diseño, desarrollo y entrega), donde se concibe que los resultados del aprendizaje son los que condicionan y definen la tecnología empleada como mediación, y no la tecnología existente.
Actualización y revisión periódica de los materiales de aprendizaje.
Diseño del proceso de enseñanza/aprendizaje de forma que conduzca al alumnado a aplicarse en el seguimiento activo del curso.

3. Condiciones de enseñanza y aprendizaje:
Debido a que la interacción del alumnado con la institución que dicta el curso y con los demás estudiantes es esencial a los fines del aprendizaje, se la debe facilitar a través de diversos medios (e-mail, chat, foros, etc).
Ofrecer propuestas constructivas a las consultas y aportes del alumnado, en un plazo breve.
Promover que el alumnado acceda a métodos adecuados para la investigación y la búsqueda de información.

4. Estructura del curso:
Antes de comenzar el curso, brindar al alumnado información suficiente para determinar si tienen la motivación necesaria, las competencias para el estudio en línea y los recursos adecuados de conectividad y equipamiento.
Dar a los estudiantes información complementaria sobre el curso, incluyendo objetivos, conceptos e ideas, y especificar claramente qué resultados se esperan del programa.
Ofrecer acceso a bibliotecas digitales y otros recursos ofrecidos por la red.
Acordar expectativas referidas a plazos de entrega y corrección de actividades.

5. Estructura de soporte, apoyo ayuda al estudiante:
Dar al alumnado información suficiente sobre los programas, incluyendo requerimientos de admisión, precios, libros, accesorios, requerimientos técnicos y servicios de soporte.
Brindarle información y formación prácticas sobre cómo obtener datos provenientes de bases digitales, redes de bibliotecas, servicios públicos, agencias de noticias y otras fuentes de información.
Ofrecer al alumnado acceso fácil al soporte técnico durante toda la duración del curso, instrucciones detalladas sobre su funcionamiento y sesiones prácticas antes de su inicio.
Responder con rapidez y precisión a las consultas dirigidas al servicio de soporte y disponer de un sistema estructurado de atención de dudas y reclamos.

6. Estructura de soporte, apoyo y ayuda a profesores:
Dar asistencia técnica al profesorado y animarlo a utilizarla.
Facilitar la transición del profesorado de las estrategias presenciales a la estrategias de educación en línea.
Mantener el soporte y la asistencia durante todo el curso.
Facilitar información referente a la evolución del alumnado durante la experiencia educativa en línea.

7. Evaluación del curso:
Elaborar un proceso de evaluación de la efectividad pedagógica del programa, aplicando exigencias específicas.
Evaluar la efectividad del programa con datos sobre inscripciones, costos y aplicaciones innovadoras y adecuadas a la tecnología.
Revisar paródicamente los resultados de aprendizaje previstos, para garantizar que sean claros, útiles y adecuados.

Los resultados de estos estudios pudiesen sumergirnos en un relativo escepticismo respecto de algunos indicadores que en la literatura especializada mencionan, con frecuencia, como inductores de una mayor calidad en los formatos virtuales. En este punto hay referencia a aspectos que no resultaron relevantes; por ejemplo, la promoción del trabajo en equipo, la división de cursos en módulos o la consideración de los diferentes estilos de aprendizaje. En síntesis, la evidencia práctica apoya la idea de que la formación on-line de calidad debe considerar un conjunto de factores, los cuales son:

- Funcionamiento técnico impecable.
- Modelo del curso orientado a la naturaleza de la audiencia.
- Buenas condiciones para la interacción y la construcción del aprendizaje.
- Propuesta académica justificada e informada.
- Sistemas independientes de soporte para profesores y alumnos, referidos a la resolución de problemas técnicos (relacionados con el sistema informático), científicos (Referidos a la materia del curso) y pedagógicos (relativos al modelo de enseñanza/aprendizaje).
- Monitoreo y evaluación permanente del curso, en todas sus fases.

Sin embargo la evaluación on-line deja pendiente la evaluación de la generación de conocimiento e investigación en el contexto universitario. Sin duda, tal como afirma Albert Sangra, la universidad virtual debe ser evaluada también en relación con las estructuras que promuevan la investigación; con los campos científicos y de especialización en los que investiga; y con la difusión de los resultados o con el personal investigado.